El partido entre Rosario Central y Tigre por el torneo Apertura quedará en la memoria de los hinchas, pero no precisamente por el 1 a 1 final. El verdadero protagonista de la tarde fue Coco, un cachorro de apenas ocho meses que burló la seguridad, interrumpió el juego y se llevó la ovación de un estadio lleno que, sin saberlo, estaba aplaudiendo a un "infiltrado".

El "10" que nadie pudo marcar

Cerca del minuto 12, el Gigante de Arroyito se transformó en un escenario de comedia. Coco entró a la cancha y demostró una habilidad digna de un profesional: amagues cortos, cambios de ritmo y una velocidad que dejó a los agentes de seguridad resbalando por el césped.

Desde las tribunas, el espíritu futbolero se impuso y el público canalla estalló en un coro de "¡Ole, ole, ole!" cada vez que el perrito esquivaba un manotazo. Lo que nadie sospechaba en ese momento era el detalle que más tarde sacudiría las redes sociales.

La búsqueda de los medios: "Es nuestro"

La repercusión fue tal que medios como Cadena 3 Rosario y Aire de Santa Fe se movilizaron de inmediato para encontrar a los responsables del animal. Ambos medios lograron dar con Giuliana (o Julie, como la conocen sus allegados), la dueña de Coco, quien pasó del susto a la risa en cuestión de minutos.

"Prendí el celular y lo vi en la televisión, corriendo al lado de los jugadores. No lo podía creer", relató Giuliana en las entrevistas.

Según explicaron los portales rosarinos, la cobertura mediática fue clave para reconstruir la travesía de Coco. El cachorro se había escapado de su casa en Barrio Industrial después de que una puerta quedara mal cerrada. Recorrió decenas de cuadras, atraído por el alboroto del estadio, hasta que encontró un hueco para hacer su debut futbolístico.

Un corazón "leproso" en terreno ajeno

El giro más desopilante de la historia llegó cuando su dueña confesó la identidad futbolística del can: Coco es hincha de Newell’s.

"Primero pensé: cuando se enteren de quién es la dueña, me matan", confesó Giuliana entre risas. La ironía fue total: un perro con camiseta de la Lepra en su casa terminó siendo el jugador más aplaudido por la hinchada de Central durante siete minutos de pura gambeta.

Final feliz y solidaridad

Tras ser retirado de la cancha, Coco volvió a quedar a la deriva en la calle porque no tenía su chapita identificatoria (la había roto días antes, haciendo honor a su fama de travieso). Sin embargo, la viralidad de la historia y el trabajo de los medios rosarinos y santafesinos permitieron que una joven llamada Camila lo reconociera y lo resguardara hasta que su dueña pudo ir a buscarlo.

Hoy, Coco ya está de vuelta en su hogar, lejos de los flashes y las áreas penales, pero con el título indiscutido de ser el "infiltrado" más querido de la ciudad de Rosario.